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Durante años, el mundo corporativo ha confundido la eficacia con la actividad. Se aplaude al ejecutivo que responde correos a medianoche, que está en reuniones todo el día y que siempre parece ?ocupado?. Sin embargo, Peter Drucker ?considerado uno de los pensadores más influyentes del management moderno? fue contundente al respecto: la eficacia no es un rasgo de personalidad, sino una disciplina.


En su célebre artículo What Makes an Effective Executive, Drucker explica que los ejecutivos eficaces pueden ser completamente distintos entre sí: carismáticos o reservados, visionarios o analíticos, cálidos o directos. Pero todos comparten un conjunto de prácticas que les permite lograr resultados consistentes.

Y si llevamos esa idea a un terreno más práctico, surge una pregunta poderosa:


¿Qué decisiones toma cada día un ejecutivo eficaz que la mayoría no toma?


A continuación, te comparto tres decisiones diarias que, aplicadas con constancia, marcan la diferencia entre alguien que solo ?trabaja duro? y alguien que realmente produce impacto.


Decisión 1: Elegir lo que NO harás hoy


Puede sonar paradójico, pero una de las mayores señales de madurez ejecutiva es la capacidad de renunciar.

La mayoría de profesionales inicia su día reaccionando: atienden mensajes, contestan llamadas, revisan pendientes, participan en reuniones y van saltando de tarea en tarea. El problema no es trabajar; el problema es trabajar sin dirección.

Un ejecutivo eficaz entiende que su tiempo es un recurso limitado y estratégico. Por eso, una decisión clave diaria es:


?Hoy, ¿qué actividades NO voy a hacer, aunque sean urgentes o atractivas??


Esta decisión es poderosa porque:

En términos simples: si todo es prioridad, nada lo es.

Un hábito muy útil es comenzar cada mañana con una mini lista de descarte. Por ejemplo:

En esta decisión vive una verdad incómoda: la eficacia exige decir no.


Decisión 2: Definir la única contribución que haría que hoy valga la pena


Drucker enfatiza una idea central: el ejecutivo eficaz piensa en términos de contribución. No se pregunta ?¿qué tengo que hacer??, sino:


?¿Qué es lo que debe hacerse??


En la práctica, esto se traduce en una decisión diaria muy simple, pero extremadamente poderosa:


?¿Cuál es la contribución más importante que debo generar hoy para mover resultados??


No se trata de hacer diez cosas.

Se trata de hacer una cosa correcta, y hacerla bien.


Ejemplos concretos de contribuciones diarias de alto impacto:


Esta decisión tiene un efecto inmediato: transforma tu día de reactivo a estratégico.

Y además te obliga a pensar con claridad, porque te enfrenta a la realidad:

¿Estoy aportando valor real?

¿Estoy moviendo resultados?

¿O solo estoy ocupándome de tareas que cualquiera podría hacer?

La diferencia entre un ejecutivo promedio y uno eficaz no está en la agenda llena, sino en la capacidad de elegir la acción de mayor impacto.


Decisión 3: Asegurar comunicación y responsabilidad antes de terminar el día


Muchos proyectos no fracasan por falta de talento. Fracasan por algo más simple: falta de claridad.

Drucker afirmaba que el ejecutivo eficaz asume responsabilidad por la comunicación. No ?supone? que lo entendieron. No da una instrucción y desaparece. No se conforma con hablar: se asegura de que el mensaje se traduzca en ejecución.

Por eso, la tercera decisión diaria clave es:


?Antes de cerrar el día, ¿qué debo confirmar, comunicar o alinear para que el trabajo avance sin confusión??


Esto incluye acciones como:

Esta decisión parece pequeña, pero su impacto es enorme, porque reduce:

En otras palabras: la eficacia se construye cuando la comunicación produce ejecución.


La idea final: eficacia no es velocidad, es dirección

Estas tres decisiones tienen un denominador común: no dependen del carisma, del estilo personal ni del cargo. Dependen de disciplina.

Un ejecutivo eficaz:

  1. Protege su foco (decidiendo qué no hará).
  2. Prioriza contribución real (decidiendo qué hará que el día valga la pena).
  3. Asegura ejecución (decidiendo cómo se comunica y se cierran acuerdos).

Y cuando estas decisiones se vuelven hábitos, sucede algo notable:

La eficacia no es un golpe de suerte.

Es una práctica diaria.